sábado, 24 de abril de 2010

Canchas sintéticas, sí



Tanto como que en cualquier discurso reflexivo del clero no debe estar ausente el mea culpa por niños violados a manos de pederastas con sotana, cuando se habla de la conveniencia del césped sintético en estadios peruanos tampoco debe evitarse un aspecto trascendental: nuestra realidad en infraestructura atlética.

Y lo digo porque recientemente en Trujillo, ante la milésima pregunta que le hicieron sobre las canchas de marras al jefe del IPD Nacional, este respondió como casi siempre cuando de verde plástico se trata: ofuscado. “Seguro hasta usted juega en sintético… en el Mundial de Sudáfrica se van a aprobar esos campos… además, quienes se quejan son los jugadores viejos…”, exclamó, entre otras frases, don Arturo Woodman, despreciando a varios futbolistas veteranos que, si bien no dejan de tener cierta razón, tampoco deberían olvidar que habitan en un medio con extremas carencias deportivas.

Y es que, si las superficies con grama de hule son aceptables no es porque la FIFA las apruebe, el balón corra sin saltos o los jóvenes quizá no se lesionen y los veteranos sí. Aquí hay sólidos argumentos de tipo económico, ecológico y de uso masivo que, en un país con muy pocas canchas naturales en buen estado, enormes círculos de pobreza y alto grado de polución como el nuestro, sería tonto no avalar.

O, sólo por dar dos muestras: ¿acaso no son valorables los millones de litros de agua ahorrados en un terreno que no necesita ser regado y los miles de litros de pesticida que se dejan de usar para combatir plagas o el desuso de fertilizantes? Adicionalmente, ¿no importa que hoy, sólo en el estadio Mansiche, cientos de deportistas de distinta condición entrenan a toda hora sobre su césped y antes, con campo natural, sólo se podrían, reglamentariamente, jugar cuatro partidos por semana? Huelgan comentarios. Hasta la próxima.

lunes, 19 de abril de 2010

Por amor a la camiseta, nunca más...



La semana deportiva trujillana no sólo estuvo movida por la victoria de la Universidad Vallejo -por 2 a 1 ante San Martín- y su retorno al liderato del torneo Descentralizado. También sonó la aparición del “desaparecido” mandamás de Carlos Mannucci, Daniel Salaverry, y su anuncio – inconcreto, de paso- de seguir al frente del popular cuadro local esta temporada. Sin embargo, y dentro de mi arbitrario análisis, hubo otra noticia que resultó más importante pero no por ello muy trascendente en los mass media durante los últimos siete días.

Leyendo el diario Satélite me enteraba que dos clubes de gran arraigo en el medio soportaban terribles crisis pues sus jugadores amenazaban abandonarlos en tanto no se les cumpliera con cancelar sueldos atrasados. Y la situación resultaba entendible salvo, por un detalle que no es menor y que, considero, sirve para entender también porque tenemos un fútbol tan pobre. Se trataba de dos entidades amateurs: Alianza Trujillo y Alfonso Ugarte. El primero del barrio Malambo y el segundo del legendario pueblo de Chiclín.

Ambos, formados al cobijo de deportistas e hinchas que, seguro, tenían la única intención de hacer feliz a su colectividad a través del fútbol y dentro de un entorno, el deporte aficionado, que no nació para ser manchado por el estúpido afán monetario como condición ineludible para defender una camiseta.

Lamentablemente, el amateurismo ha degenerado y jugar por cariño ya no es lo preponderante. Por eso cada año, a mitad de los torneos de liga, vemos situaciones impensadas hasta fines de los 80: equipos abandonados por futbolistas que reclaman haberes ante dirigentes que desaparecen.

Y esos, malos directivos que no sinceran su realidad económica, son los verdaderos culpables. No clubes millonarios que “rompen el mercado” o atletas que ven el deporte no profesional como medio de subsistencia, tal como aluden varios. Hasta la próxima.

viernes, 9 de abril de 2010

Bien, señor Vallejo



Siete partidos consecutivos ganados, puntero absoluto y la mejor diferencia de goles, ni en mis sueños más optimistas hubiera imaginado una campaña como la que hasta ahora cumple la Universidad Vallejo en el torneo Descentralizado. Jugadas ocho fechas, el equipo de Mario Viera ha roto todos los pronósticos y, con total justicia, se ha colocado en la fila de favoritos para alcanzar uno de los tres cupos a Copa Libertadores como era el objetivo anunciado a inicios de temporada.

Pero, lo más importante, el cuadro trujillano evidencia una práctica que debería institucionalizarse dentro de un fútbol tan informal como el nuestro: la planificación de largo plazo. La UCV, que por si fuera poco también lidera el campeonato de reservas, evidentemente conjuga varios factores de tipo económico (mantener el club cuesta tres millones de dólares según su controvertido presidente) y logístico para esta dulce realidad; sin embargo, también hay uno y de carácter directriz, fundamental: haber actuado con el criterio de quienes respetan los procesos en tanto estos demuestren pruebas de ir bien encaminados.

Y es que no pocas ocasiones en los últimos tres años, Viera parecía desaparecer ante rachas negativas y la presión de la prensa –en la fase de preparación 2010 sólo ganó una vez-, pero la dirigencia prefirió siempre respaldarlo hasta, incluso, contratar la mayoría de refuerzos que solicitaba y mantener la base del plantel cada temporada.

Hoy, las lógicas consecuencias, se notan: en el 2008 Vallejo estuvo cerca (perdió la clasificación a Copa Sudamericana en la última fecha), el 2009 concretó su objetivo y, en el actual torneo, comanda la tabla - lo que nunca había ocurrido - y es uno de los serios candidatos al título. ¿Qué se puede caer?, obvio, pero eso, como levantarse también, es parte del fútbol. Hasta la próxima.

lunes, 5 de abril de 2010

Deporte de película



No la he visto aún. Tampoco, confieso, soy un asiduo concurrente a las salas cinematográficas salvo en periodos de enamoramiento y cuando las monedas no alcanzan para cenas de medianoche en restaurantes fichos. Sin embargo, sí leo sobre cine, y mucho más cuando se trata de temáticas que incluyen al deporte como parte medular dentro de su estructura.

Es el caso de “Invictus”, película norteamericana que se estrenó hace unas semanas en Perú y que llama la atención porque revela pasajes no imaginados - al menos por quien escribe- dentro de la lucha de los sudafricanos por desterrar el maldito apartheid.

Jhon Carlin, periodista y excorresponsal en Sudáfrica del diario inglés The Independent, fue testigo del fin del régimen de facto que condenó a millones de sudafricanos negros a vivir, durante casi medio siglo, la segregación institucionalizada más feroz que se recuerda en la historia del mundo contemporáneo. Nelson Mandela, encerrado 27 años y luego elegido presidente de su país en 1994, fue vital en esa lucha contra la división racial.

Sin embargo, llegar a su objetivo corría severos riesgos y una inminente guerra civil tomaba forma a mediados de 1995. Hasta que llegó aquel bendito día de junio. Esa tarde del final del campeonato mundial de rugby, apareció, nítido como el sol en un horizonte opaco, uno de los más efectivos mecanismos de unión y desarrollo social que pocos valoran: el deporte.

“En ese partido, Sudáfrica se fundió en una sola… el resultado final del juego ya no era importante… los afrikáners (sudafricanos blancos) entendieron que Mandela no era el terrorista que durante años dijeron que era. Y entonces, la Sudáfrica blanca hizo lo que la Sudáfrica negra ya había hecho: coronaron a Mandela como su rey” dice Carlín en “El Factor Humano”, libro que inspiró un film que muchos, aficionados del ejercicio o no, deberían ver. Clint Eastwood es el director y Morgan Freeman con Matt Damon los actores principales. Hasta la próxima.

viernes, 2 de abril de 2010

Odesur: seguir mejorando



Culminó la novena edición de los Juegos Odesur, en Medellín. Quince países que, como cada cuatro años, compitieron por ser los mejores dentro de una suerte de olimpiada sudamericana. Colombia, con 372 medallas, dio el histórico batacazo, avalado en su buen trabajo pero, además, en su condición de anfitriona y la numerosa delegación que presentó. Segundo se ubicó Brasil, con 355 y el tercer lugar fue para Argentina, última campeona, que obtuvo 263.

Los cafeteros nunca antes fueron primeros. Pero la agresiva política de desarrollo deportivo que el gobierno de Uribe ha instalado a través del Coldeportes –entidad similar al IPD nacional-, ha dado sus frutos y convertido a la tierra del ‘Pibe’ Valderramada en una nueva potencia atlética continental.

Una condición más que envidiable para nosotros, que hace unas décadas los mirábamos desde arriba. Perú, a pesar de conseguir superar la cantidad de preseas logradas en Buenos Aires 2006 –aquella ocasión logró 43 y esta vez sumó 71, de las cuales 19 fueron doradas- quedó demasiado lejos de los líderes y generó una impresión entre alegre y reflexiva, evidencia de que hay algo por celebrar pero también bastante que mejorar.

Luego, dentro de un plano muy local, Trujillo aportó con sólo tres deportistas en el equipo peruano. Una participación ínfima si consideramos que esta fue la delegación más numerosa que nuestro país presentó en torneo alguno: 237 jugadores. Andrea Cedrón y Patricia Quevedo, en natación y Sandra Guibert, en vóley, pusieron su máximo esfuerzo. Las dos primeras, muy jóvenes aún, acumularon experiencia; en tanto, la Guibert alternó en el seleccionado que consiguió la medalla de bronce.

En la conclusión, se desprenden dos objetivos fundamentales de largo plazo: superar el sexto lugar para los Juegos 2014, en Chile y, además, aumentar el número de trujillanos convocados a cualquier delegación nacional. Para ambos casos, la receta es una: mayor voluntad política. Ciertamente, el aumento del presupuesto nacional para deporte afiliado dado por el gobierno - de 8 millones de dólares se aumentó a 35 millones- es importante, pero todavía insuficiente. Porque material humano, lo hay. Hasta la próxima.

jueves, 25 de marzo de 2010

No roedores



“Cuando el barco se hunde las ratas son las primeras en abandonarlo”, escuché de boca de un profesor de la Universidad San Martín, hace un par de meses. Decenas de veces ya desde que “tiraba muro” en el colegio San Juan de la urb. Huerta Grande o rayaba las carpetas, años después, en el Mariscal de Orbegoso, de la calle Bolívar.

Ayer, recordé la frase. Tan nítidamente como la caída de ‘Romerito’ sobre la lona del Madison Square Garden de New York, en setiembre de 1983 contra Ray Mancini o, siendo más próximos en la fecha, el llanto del argentino Fabián Arias, en diciembre de 1994, cuando el Carlos Mannucci perdió la categoría profesional a la cual, sufridos intentos cada año, no puede retornar.

Reflexiva, contundente. Pero atinada para entender la realidad del equipo trujillano más popular y la incertidumbre que le rodea tras su vano intento de inscribirse en el torneo de segunda profesional. Y es que sólo los de sentimiento rastrero podrían evadir su responsabilidad directriz y no, como los grandes estadistas, ver en un problema la oportunidad de mejorar.

Hoy, cuando los hinchas se lamentan luego que les vendieron a Messi por dos soles, ya no sirve buscar explicaciones en las actitudes de un chato con billetera gorda y un ‘colorao’ ingenuo o en políticos que se valen del deporte para alcanzar sillones virreinales. Mannucci vale más. Es Trujillo y su tradición, es la ansiedad de miles que no desean seguir postergando su ilusión de volverlo a ver en el balompié rentado y, peor aún, no quieren una campaña vergonzosa esta temporada, cuando descubren que al plantel sólo le quedan cuatro jugadores para afrontar la departamental de Copa Perú y sus directivos pensarían “darle descanso” al club.

Por tanto, no imiten a los roedores. Asuman su compromiso dirigentes, presidentes formales o no. ¿Cómo?, conciliando, nombrando un comando técnico, convocando empresas e incorporando futbolistas libres que, en un medio tan rico como el local, bien puede servir para, sumando los que luego llegarán como refuerzos, tener una participación digna y, porque no, consagratoria este año. Lanzarse culpas o escapar es indigno, de ratas. Hasta la próxima.

jueves, 11 de marzo de 2010

Coraje, "Zlatan"



Cierta ocasión, Víctor Flores Corbera, con esa licencia que le dan su sapiencia deportiva y ser uno de los mejores dirigentes que Trujillo tiene, me dijo, mientras mirábamos un entrenamiento del club Universidad Vallejo: “a ese chico lo conozco desde niño, y aunque no es un crack y varios lo critican, es muy responsable y más pujante que cualquiera; ten por seguro que llegará a la selección (nacional)”.

No han pasado muchos años y la realidad, incluso, ha superado los atrevidos designios de mi amigo sobre José Carlos Fernández. Aquel futbolista de gran tamaño y fuerte golpe de cabeza pero pasos torpes y tan hábil como una estatua que veíamos a mediados del 2005, luego se hizo cañonero en Cienciano, jugó en el seleccionado patrio, emigró a Europa y, tras su retorno, hoy es goleador del equipo más popular del fútbol peruano y brilla en la Copa Libertadores de América.

Sin embargo, para el trujillano de 26 años triunfar no ha sido nada fácil y sus logros resultan una clara muestra de lo que significa ser perseverante. Eso lo sabemos quienes vimos sus inicios en los juveniles del Sport Coopsol y sufríamos cuando de cada siete ocasiones de anotar sólo hacia una, pero alabábamos su afecto a la disciplina y total entrega al trabajo.

‘Zlatan’, como ahora le llaman por su parecido al atacante sueco Zlatan Ibrahimovic, ya sea con el recordado Sergio ‘Ché’ Pereyra - su descubridor, según varios- o el gran Juan Caballero como entrenadores, era el primero en llegar a las prácticas y el último en irse. Nunca rechazaba una orden y siempre fue el más dedicado en los ejercicios. Y ese es su principal aporte cada vez que debe jugar: podrá equivocarse mucho y hasta generar silbidos del público, pero su coraje y voluntad siempre le darán las armas para, sino anotar, terminar entre aplausos. Hasta la próxima.