jueves, 25 de julio de 2013

HASTA EL CIELO, BALERIO


Espectacular no fue Julio César Balerio. No volaba de palo a palo como Pasalaqua en los relatos de Bryce Echenique ni tenía las manos plásticas, inmensas e impasables como el héroe de algún cuento de Fontanarrosa. Pero tapaba bien. Era eficiente, siendo más justo.  Pasito aquí, pasito allá, una estirada y la pelota a sus manos o afuera. Práctico igual que esos celulares antiguos que sí defiendo pues sirven para lo necesario sin hacer tanta filigrana además de rendir horas de horas sin que la batería se acabe. Y el ‘viejo’ tenía larga duración. Tanto que jugó profesionalmente hasta los 40.

Y achicaba como nadie cada vez que debía enfrentar a un delantero. Y de eso aprendió Ibañez, su mejor alumno, probablemente, haciendo la de Cristo penitente (arrodillado, con los brazos despegados del tórax, extendidos hacia abajo y las palmas abiertas frente al rival que ya no sabía por donde meterla). Sobre sus guantes, además, reposan la memorable campaña de Cristal en la Copa Libertadores del 97 y ese casi casi con la selección peruana en las Eliminatorias para Francia 98 luego que se nacionalizara a pedido de Oblitas. Aquí llegó en contratado por el Deportivo Sipesa chimbotano y después se consagró con los rimenses.

Luego, se retiró en el y se regresó a su tierra de origen para hacerse entrenador. Ayer se fue definitivamente. Esta vez sí voló a los cielos. El flaco de físico desgarbado pero que tapaba como el que más.

Hasta la próxima.

Oswaldo Rivasplata

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