viernes, 13 de mayo de 2011

Un parque para ¿todos?


Difícil no sorprenderse con dos hermosas – y limpias- piscinas a la entrada del recinto; tontos serían quienes no aprueben las canchas de frontón y tenis de campo o pongan cara de sueño ante la serpenteante ciclovía y bellos jardines, las piletas o losas de uso múltiple, la cancha de fútbol o la colorida rampa para patinadores y hasta la zona de comensales y el gran auditorio. Seis hectáreas de puro deporte.

En suma, imposible no impactarse con el Centro Recreacional La Rinconada, quizá la obra más importante que la gestión Acuña nos deja hasta ahora. Pero, y no deseo ser aguafiestas, su incomparable arquitectura – en toda la región no hay otro similar- colisiona con un claro limitante para cualquier civil de clase baja: el costo del acceso. Dos soles de martes a sábado y tres soles los domingos.

Precios que en la perspectiva de quien desconoce la zona – distrito El Porvenir, P.J. Pesqueda y urbanizaciones La Rinconada y Libertad- o sólo juega una vez por semana, no resultaría una desventaja, pero si para quienes “pelotean” diariamente como es común en cualquier joven de esos contextos sociales, donde cientos de pobladores todavía sufren para pagar puntualmente el recibo de agua o luz.

Siendo más claro, si Juan, mi ‘pata’ porvenireño de 14 años, quisiera jugarse un fulbito con su ‘manchita’, deberían juntar 24 soles. Y 36 ‘mangos’ en caso fuera domingo. Ya pues, sobran comentarios.  Pablo Vega Centeno, sociólogo experto en temas urbanos de la PUCP, explica que todos los parques deben ser definitivos espacios públicos como una forma de paliar terribles flagelos que abordan a los jóvenes y adolescentes. Y, más aun, es penoso ver un hermoso complejo casi deshabitado, sin niños corriendo y visitantes disfrutando cada hora. O con administradores esperando que sea fin de semana para que los padres, 20 soles mínimo, trasladen la familia a un lugar donde todos, chicos y grandes, infantes y adultos, deberían encontrarse y socializar sin limitaciones.

¿Una salida? Reducir considerablemente el precio de ingreso, en el peor de los casos, sería adecuado. De usted depende, señor alcalde. Hasta la próxima.

Oswaldo Rivasplata G.

o.rivasplata@pucp.edu.pe

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