martes, 11 de mayo de 2010

No fue el árbitro


Que fue gol, que no fue, que debió ser anulado, que hubo fuera de juego, que posición pasiva, que fue autogol, y siguen firmas. El raro tanto de empate de la U de Chile ante Alianza Lima ingresó, desde el momento en que el cuestionable juez Carlos Vera decretó su validez tras el cargamontón chileno, en el gran estante de históricas polémicas que el fútbol, sea peruano, roto, ecuatoriano, holandés o jamaiquino, acumula cada día. Pasarán cientos de años y ese balón Nike nunca superará la línea de sentencia blanquiazul en el imaginario peruano.

Y “amaremos” a Vera tanto como a Chechelev. O igual como los brasileños a Ramón Quiroga y los seis goles que le hicieron en un encuentro de Argentina 78, o tanto como los gauchos a Alberto Tejada por validar la manazo de Tulio en la Copa América 95, o los ingleses al tunecino que aprobó la mano de Dios en ese legendario cotejo de México 86.

La actuación de los árbitros siempre, tan clara como la inseguridad ciudadana en Trujillo, va a estar revestida de polémica por su inevitable tendencia al error o exposición a los desaforados reclamos de una masa enfervorizada. Así mejor, elijo buscarle otras perspectivas a la dichosa jugada del Monumental de Santiago y que, varios, quizá cegados aún por la rabia, omiten a pesar de su evidencia. Prefiero lamentar la pobre salida de Harold Forsyth y, un segundo después, el infantil rechazo de Vidal Sosa. Acciones que pesaron tanto como la decisión de Vera para el 2-2 final.

Ambos defensas, en un contexto de juego tan dramático y tenso, actuaron con demasiada insuficiencia, casi estériles y sin la convicción que la situación obligaba. El primero pifió terriblemente en su intento de puñetear el balón y lo dejó picando. El zaguero, inmediatamente, adornó su bajo desempeño en Copa Libertadores haciendo un rechazo de 10 metros que dejó servido el esférico a Iturra. Instantes luego, vino el tanto de la discusión. No pues. Hasta la próxima.

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