miércoles, 14 de julio de 2010

Pensamientos sin una pelota en la cabeza


JOHANNESBURGO.- Hace exactamente doce años, el mismo día de la final entre Francia y Brasil en 1998, un diario francés publicó una encuesta en la que se revelaba que el país organizador de aquel Mundial, justamente, era el más racista de Europa. Un par de horas después, las calles de París eran una fiesta gracias al triunfo del argelino Zidane, del negro Karembeu, del inmigrante Djorkaeff, del negro Thuram y, por supuesto, del francés Deschamps. Pocos mundiales, como aquel, con una Croacia que hacía de su camiseta cuadriculada una verdadera bandera, a pocos años de sufrir una guerra civil, demostraron que si bien el fútbol no soluciona los problemas políticos y sociales, al menos, los difunde, los expone, los muestra.
Acaba de terminar el Mundial más político y social o sociológico de la historia. Se multiplican las lecturas, que van más allá del rectángulo de juego, del verde césped.
¿Qué significó la masiva recepción al seleccionado de Diego Armando Maradona en la Argentina, después de la eliminación con Alemania? Para algunos, una exaltación del fracaso, propia de la idiosincrasia nacional. Para otros, la devoción al mito, tan propio también de nuestra tierra. Y hasta un grupo se atrevió a insinuar que todo estuvo armado. Como sea, invitó a pensar, a debatir. Y no sólo si Maradona había dejado a Demichelis o no había puesto a Verón.

¿Qué significa para España ser campeón del mundo con una formación basada en el Barcelona? El mismo día en que se jugaba esta final en Johannesburgo, lugar neutral, los diarios del mundo amanecían con una noticia en sus páginas: una masiva marcha en Cataluña exigía a España que le permitiera usar el término "nación" para referirse a su región. Minutos después, todos juntos festejaban un título histórico.

¿Qué significa para Holanda llegar a la final del Mundial en un país como Sudáfrica? Aquí, un 7% de los 50 millones de habitantes son afrikáners, descendientes de los bóeres, el grupo étnico que en el siglo XVII colonizó el país. Y no sólo eso: fue la que instaló la terrorífica política del apartheid . "Apoyo a Holanda; no me importa el pasado. Antes era antes y ahora es ahora. Es un país libre", le dijo Fundi Nqoloba a la agencia AFP. Obviamente, es negra. Tiene 34 años y cuando tenía 19 años escuchaba una sirena que la obligaba a desaparecer de las calles, puntualmente, a las seis de la tarde. Hoy sopla una vuvuzela que musicaliza una fiesta.

Ninguno de los problemas políticos y sociales se van a solucionar con un par de partidos de fútbol. Pero está claro que esos 90 minutos de juego, o más, servirán -como han servido y como seguirán sirviendo- como caja de resonancia para conocerlos o para difundirlos. Sólo basta con verlos sin una pelota en la cabeza para entenderlo.

Daniel Arcucci. Diario La Nación.

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