miércoles, 11 de agosto de 2010

La importancia del primer gol


Un dato interesante para los entrenadores: en Sudáfrica 2010 se registraron 48 victorias y 16 empates. De esos 48 triunfos, 45 fueron para la selección que marcó el primer gol, o sea el 94 por ciento. Las únicas tres excepciones fueron Nigeria 1-Grecia 2, Camerún 1-Dinamarca 2 y Brasil 1-Holanda 2. En los tres casos, vencía el primero. El campeón, España, sólo una vez no hizo el tanto inaugural, ante Suiza: perdió. Ganó los otros seis encuentros. Las estadísticas no explican todo, sí enseñan a entender cosas.
El primer gol es decisivo. Generalmente vuelca el juego a favor de quien lo anota. El equipo que convierte toma confianza y, sobre todo, encuentra más espacios. A la vez, se protege mejor atrás. En contrapartida, al que comienza perdiendo se le torna cuesta arriba. No es nuevo, aunque en el fútbol actual la tendencia se robusteció y suele ser decisivo. Es más, en 17 de esas 48 victorias mundialistas, el resultado quedó ahí, en 1 a 0.

Lo que refleja el lastre terrible que significa recibir ese primer tanto en lugar de hacerlo. Ahora bien, ¿con qué tiene que ver la apertura del marcador? Con la actitud ofensiva. Puede ocurrir que un equipo ataque pertinazmente y de pronto reciba un gol de contragolpe. Sin embargo, no es lo usual. El que busca, encuentra. El que va al frente tarde o temprano se impone. Algo es seguro: el equipo que sale a esperar, a especular, a amarrar al rival, no está cerca de ese primer gol.
Quien defiende mal en fútbol, pierde. Una verdad inexorable. Pero el éxito está indisolublemente ligado al ataque. La mejor muestra fue la última final de Champions League entre Inter y Bayern Munich. Dos equipos de igual filosofía, cautelosos al máximo, no se daban un centímetro. En dos iluminaciones de Diego Milito se decidió la corona. No fueron las defensas las que decidieron el título.

“Estábamos jugando de igual a igual hasta que llegó el primer gol”. La frase, a manera de descargo, se escucha todos los días en boca de algún técnico. La mejor forma de no lamentarse es marcar antes que el adversario. ¿Cómo…? Buscando ese primer gol.

Mito derribado. “Los futbolistas llegaron a la Copa del Mundo sin el descanso deseable”. Verdad. “Las figuras fracasaron en Sudáfrica porque estaban fundidas después de una agotadora temporada”. Mentira. Diego Forlán jugó con el Atlético de Madrid el último partido oficial de clubes antes del Mundial. Pese a la negativa del Maestro Tabárez, disputó la final de la Copa del Rey el 19 de mayo ante el Sevilla. Los otros mundialistas ya estaban con sus selecciones.

Además, Forlán protagonizó 46 partidos en el año con el Atlético, una cifra normal. No es para extenuar a nadie, para eso tienen entrenamiento y cuidados especiales. Y para eso rotan constantemente los técnicos a sus jugadores. Drogba y Rooney jugaron 44, Sneijder 41, Cristiano Ronaldo 33, Robben 29, Kaká 27. Supuestamente el más batallado, el que permaneció hasta más tarde en su club, fue el Balón de Oro. ¿Y entonces?

¿Y los “inteligentes”…? La caída de Holanda (la de Van Marwijk) en la final, la de Brasil (Dunga) en cuartos, fue una suerte de derrota de los técnicos que la prensa tonta denomina “inteligentes”. O sea, los que salen únicamente a defender y aprovechar el error del rival que ataca, que propone. Por extensión, un fracaso del “estilo Mourinho”. El título ganado por España impidió las críticas a Vicente Del Bosque, antípoda total de Mourinho. Por su perfil sencillo y paternalista, el Bigotón era gran candidato a todos los palos de la prensa. En su humildad, él sí dijo algo verdaderamente inteligente: “Después del éxito de España en la Eurocopa con Aragonés y de los triunfos internacionales del Barcelona con Guardiola, mi misión era muy difícil, tenía mucho para perder. Mi objetivo fue tratar de no desarmar lo que ya estaba bien. Eso hice”
Sin novedades.

Sudáfrica 2010 no generó novedades tácticas. Con matices, lo mismo que se venía observando en el fútbol internacional. Mucho menos, revoluciones. La última, acaso la única revolución del fútbol fue la de Holanda 1974, la Naranja Mecánica. Entonces el juego era más lento que ahora y todavía bastante posicional; es decir el 3 jugaba de 3 (lateral izquierdo), el 7 de puntero derecho, el 11 de wing izquierdo. Cada quien su zona. Un delantero no bajaba a marcar hasta el mediocampo. Si alguien se salía de su casilla era considerado un bicho raro.

De pronto, apareció el célebre equipo de Rinus Michels con una dinámica nunca vista hasta entonces: todos corrían, se movían, rotaban, se ofrecían como variante de descarga, bajaban, subían… Como hoy, pero hace 36 años. Causó estragos en los rivales y sensación en la prensa y los espectadores. Fue dado en llamar “el fútbol total”. En realidad fue la dinámica total.

Desde ahí hasta acá, todo parecido, todo conocido.

Jorge Barraza. Revista de la Conmebol.

1 comentario:

  1. hay que dejar de joder, de alli nos ponemos como cojudos maleteando porque el Perú no clasifica, no seas como el perro del ortelano!!!!!!!!!!!!, solitos nos jodemos, ya dejen de joder y trabajen para el Perú

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